El jurado del Laurel de Oro ha escogido “La guerra de Dios “ como la película española que más grande contribución ha tenido en el año precedente para la comprensión mutua y buena voluntad entre los pueblos del mundo

(Laurel de Oro David O,Selznick a “La Guerra de Dios “ (1953 )

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La película más galardonada de  uno de los cineastas españoles más importantes y prolíficos, Rafael Gil ( 1913-1986 )  y uno de los grandes triunfos del cine español en la década de los cincuenta . El primer premio del Sindicato Nacional del espectáculo, el Leon de Bronce en el Festival de Venecia, premios de la Oficina Católica Internacional del Cine, primer premio a la película en el Festival de San Sebastián, Laurel de oro David O,Selznick, premio del Circulo de Escritores cinematográficos a Francisco Rabal, avalan “La guerra de Dios “, una obra que Rafael Gil resume de forma admirable : “El tema es la fe del hombre en el hombre, pero por la gracia de Dios “ .

 

Gil comenzó a rodar la película el 6 de octubre de 1952, prolongándose la filmación en lugares como Rivas, Torre del Bierzo y el seminario de Salamanca , hasta el 10 de diciembre de 1952.  Para la banda sonora se contrata nade menos que a Joaquín Rodrigo, el gran compositor autor del célebre Concierto de Aranjuez, lo que da idea de la ambición, el cuidado y el alto nivel artístico que se procuró para la obra .  Con el apoyo de  una notable campaña publicitaria, el  estreno tuvo lugar el 30 de septiembre de 1953 en el cine Rialto de Madrid.

   Tras Sor Intrépida, la odisea de una monja, Rafael Gil se adentra en el mundo interior y en la vida pastoral de un sacerdote que ha de ejercer su ministerio en un pueblo minero, donde muchos hombres se han apartado de la fe.    El cura de “La guerra de Dios “ es un hombre joven, ambicioso, lleno de ímpetu e ilusión que ha de enfrentarse a una realidad complicada que sobrepasa con creces lo que le fue enseñado en el seminario . Su fe se pone a prueba, pero es sólida, resiste, soporta el sacrificio, perdona las ofensas, no ofende a los ricos pero se entrega a los pobres sin aceptar las teorías disolventes de los profesionales de la revolución .

 

Gil domina todos los registros dramáticos , destacando la ternura que muestran las escenas del cura con los niños o con su anciana madre, sobe todo el instante en que ella le trae sus libros de filosofía y teología, tan queridos , tan lejanos de la realidad social en la que se encuentra inmerso, pero de los que no solo no reniega, sino que se reafirma, ya que son alimento de su fe.

  LA descripción del mundo de la mina y del pueblo es convincente y a ello no es ajeno el espléndido trabajo del decorador Enrique Alarcón : “puedo afirmar que el pueblo minero que hemos reconstruido, las galerías subterráneas y el clima que se sentía en el ambiente del rodaje, contagió favorablemente a los actores que han vivido realmente sus papeles. Todo ha contribuido a hacer una gran película “.

  La descripción de la mina es dura y sombría y se inspira en dos grandes clásicos como La ciudadela de King Vidor y Qué verde era mi valle, de John Ford. Los tonos oscuros, la aspereza de los comportamientos, el odio y el recelo de las gentes, todo se expresa de forma admirable, resultando aún más dramático cuando, en las escasas escenas luminosas de la película, se enfrentan a la belleza tranquila de un paisaje ajeno a los odios humanos  .

 

“La guerra de Dios” es un film religioso, pero no rehuye el conflicto social, cuando el cura llega al pueblo y solo es recibido por el dueño de la mina, se descorazona al contemplar apartados de Dios  a la mayoría de sus habitantes. Comprueba la cerrazón de unos y de otros ( los niños no quieren jugar con el hijo del dueño, y éste es un hombre dominado por la crueldad y el egoísmo ). El guión no se queda en el melodrama melifluo, y cuando el conflicto se generaliza, el cura decide encerrarse en la mina con los hombres, aunque le acarree la incomprensión de sus propios superiores eclesiásticos

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La espectacular escena de la catástrofe concentra las reacciones humanas y describe de forma cálida el comportamientos de todas las personas que lo sufren, al igual que los protagonistas de la película de Ford, para los que la muerte y el sufrimiento van ligados a la mina de forma indeleble. Después del drama, la luz y la gracia proyectarán sus destellos de esperanza sobre la vida .

 

Frente a la guerra de la incomprensión y el sectarismo – escribía el historiador Carlos Fernández Cuenca – hay que levantar la guerra de Dios para restablecer la paz y la armonía “.       Este conflicto es el que sostiene el nudo dramático de la película ; la resolución es desde luego ortodoxa, pero en el camino se han descrito errores, egoísmos, desviaciones. El cine español de los años cincuenta, contra lo que se ha escrito a menudo con demasiada ligereza, ofrece en no pocas ocasiones un retrato certero de problemas sociales que aún permanecían candentes en la sociedad de  la época .

 

El personaje del sacerdote es clave en la película y Gil y Vicente Escrivá no dudaron en contratar a Claude Laydu, actor francés que acababa de interpretar un personaje similar de cura atormentado, solitario y místico en la famosa “Diario de un cura de rural “, de Robert Bresson, basada en la novela de Georges Bernanos . El prestigio del film de Bresson era grande y la aparición de Laydu en la obra española demuestra la ambición y el alto nivel industrial que Aspa Films, la productora de Vicente Escrivá , había alcanzado tras el éxito de La señora de Fátima y Sor Intrépida .

  Claude Laydu borda su personaje aportando en todo momento la pureza, la voluntad y la inspiración necesarias para una interpretación que requería – por las caracteristicas de la película – una fuerza superior que la del film de Bresson, más desdramatizado y minimalista que el de Gil.

  Junto a Laydu destaca Fernando Sancho, actor de carácter que llegó a trabajar en casi doscientas películas y que se convertiría en habitual en los repartos del director.  Un joven Franciso Rabal y unos ajustados José Marco Davo,  Gerard Tichy, Alberto Romea y Julia Caba Alba completan el elenco en el que destacan los niños que tienen a su cargo escenas conmovedoras, de gran lirismo y poesía . Entre ellos un futuro gran actor de teatro y televisión : Jaime Blanch .

 

“La guerra de Dios “ se contempla hoy con el mismo interés que en su época, su descripción de las duras realidades sociales, la angustia del sacerdote que ha de poner en juego su fe para cumplir su misión, y la acción  reparadora  de la gracia sobre la vida de las personas , son temas de actualidad permanente .

FERNANDO ALONSO BARAHONA